El sistema de castigo y recompensa

Autora: Silvia Casabianca Zuleta.  – Eyes Wide Open

¿Por qué será que los pediatras recompensan a los niños que no hacen pataleta y se dejan vacunar, con dulces y colombinas? Uno diría que nadie mejor que un pediatra para conocer que el azúcar es dañino. Ah, pero el pediatra sabe que la mejor manera de reforzar un comportamiento es premiarlo con algo dulcecito. Cuando crezca, el niño seguirá aliviando su dolor emocional buscando algo dulce de comer.

Para mí, los tres principales enemigos de la salud son quizás el azúcar, las sustancias adictivas como el alcohol y el cigarrillo y el miedo. Y nosotros promovemos el consumo de los tres. Premiamos con productos azucarados, le decimos a los hijos que pueden beber cuando sean mayores y los amenazamos con castigos para que sigan nuestras pautas. O sea, premiamos a los niños con excepciones a nuestras propias reglas, con lo cual sólo hacemos más atractivo lo prohibido.

Cuidado con el mensaje

Me explico. Si la Coca-Cola y la pizza son permitidas en las fiestas pero no en la cotidianidad, porque no son alimentos saludables y las vacaciones son para permitirnos llenarnos la barriguita de fritos y pasteles mientras nos tiramos al sol sin medir el efecto de los rayos ultravioleta, ¿cuál es el principio que rige estos comportamientos?

Me parece que nuestro mensaje es que está bien premiamos con cosas que son dañinas.

Si esto se aplica a todas las circunstancias, entonces cuando recibimos una promoción en el trabajo podríamos, por ejemplo, salir a la calle a romper el límite de velocidad y tener un accidente o al menos recibir una multa. Y cuando un negocio nos sale bien, por qué no ir a celebrar con drogas y borrachera… ah, disculpen, esto ya está establecido y es bastante común en todas partes.

¿Con qué celebramos una boda, un compromiso, un contrato, un cumpleaños? Con alcohol y carbohidratos.

¿Qué hábitos en cambio adquirirían nuestros hijos si el pediatra recompensara el buen comportamiento con una manzana y los padres una buena nota con un paseo al parque en bicicleta y un buen abrazo?

El azúcar refinado hace mucho daño

Lo del azúcar debería preocuparnos tanto como el alcohol o la drogadicción. La mayoría de ustedes, estoy segura, saben que hay una correlación entre el excesivo consumo del azúcar y la caries dental. Pero sólo unos pocos están conscientes de que el azúcar refinado compromete el funcionamiento del sistema inmune y aún menos personas sabrán que un exceso de azúcar antagoniza la hormona de crecimiento, que es crucial en todos los procesos corporales de regeneración y reparación.

Hace unos pocos años, se publicó en el British Journey of Psychiatry, un estudio pagado por el Britain’s Economic and Social Research Council. En este estudio se le hizo seguimiento durante cuatro décadas a 17.000 niños nacidos en 1970.

Para cuando tenían 34 años, un 69 por ciento de los que comían dulces y chocolates diariamente a los 10 años, habían sido arrestados por un delito que incluía violencia. De los que no tuvieron incidentes violentos, sólo un 42 por ciento comía dulces diariamente.

Hay muchas maneras de interpretar los hallazgos. No podemos simplemente culpar al azúcar y al efecto que esta tiene sobre nuestros transmisores moleculares, sistema inmune y hormonas.

¿Por qué gratificar con lo prohibido?

La interpretación más posible es que resulta confuso para un niño que sus padres, maestros y doctores los gratifiquen con cosas que usualmente son prohibidas o restringidas.

El mensaje que le llega al niño es más o menos este:

“Las colombinas están llenas de azúcar y con poco saludables colorantes; no son buenas para tí, pero si  te portas bien, o si haces lo que te digo, puedes tener una.” O, “La Coca-Cola es una de las peores elecciones que puedes hacer cuando seleccionas una bebida, pero si es tu cumpleaños, puedes tomarte al menos una.” O, “No te conviene comer o beber XX, pero como es una fiesta y todos están haciéndolo, no te puedo privar de ello.”

¡Reflexionemos!

¿Cuál es la diferencia entre este mensaje y el de “no puedes usar drogas, pero si vas a una fiesta y todos están metiendo marihuana, no hay problema en hacer una excepción?”

La importancia de desarrollar tolerancia a la frustración

Por una parte, no es recomendable que los padres estén “chantajeando” constantemente a los hijos para que hagan lo que se espera de ellos. ¿Cómo se aprende responsabilidad así? Pero por otra parte, se está olvidando el aprendizaje que viene de posponer gratificación y tolerar la frustración.

Quien no maneja adecuadamente la frustración tiene problemas para controlar impulsos y esto puede llevar a comportamientos violentos. Elegir bien es una habilidad que se empieza a enseñar desde la cuna. Los ¡No! tienen que ser consistentes. Si el dulce es dañino, se le evita, ¡punto!

El No es al fin y al cabo la expresión del principio ético universal de no hacer daño. En este caso, no hacer daño al cuerpo. Tarde o temprano los niños comprenden la importancia de este principio y si hubo restricciones entenderán que venían de nuestro deseo de protegerlos.

Al decirle No a la colombina o la Coca-Cola, le estamos enseñando a los hijos a respetar el cuerpo y elegir inteligentemente.